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Howard Richards con estudiantes chilenos en paro.

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Avisos de los Ciudadanos:

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Publicado por Fernando Tapia

Queridos amigos, amigos míos, amigos de la verdad, y en el caso que no existiese la verdad en todo caso amigos de la búsqueda de ella,

Hace tres semanas (perdóname el atraso en enviarles mis apuntes) hicimos otro foro con alumnos movilizados, esta vez en la sede de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Valparaíso, Avenida Brasil.

Compartí con los jóvenes una reflexión del filósofo francés Jean-Paul Sartre (1905-1980) sobre las rebeliones estudiantiles en Francia en 1968. Sartre comentó que la motivación básica de la juventud fue el choque entre su educación y el mundo real, no en el sentido de querer cambiar la educación para conformarla al mundo real, sino en el sentido de querer cambiar también el mundo real.

El choque fundamental, dijo Sartre, es entre los objetivos sociales de la formación profesional y la realidad del mercado. En la Facultad de Agronomía los futuros profesionales aprenden a producir alimentos. En las ciencias de la salud aprenden a sanar enfermos. Los ingenieros aprenden a construir caminos y puentes, los arquitectos viviendas y edificios. Cada profesión se dedica a hacer algo útil.

Pero el alumnado se da cuenta que al salir de la universidad van a encontrar que lo que importa en la sociedad vigente no es el valor de uso sino el valor de cambio. El dinero. El agrónomo consigue trabajo en el campo de su formación en la medida que sus conocimientos sirvan para generar rentabilidad para algún patrón o empresa. Cada profesional se educa para poder dar soluciones a problemas, pero en la práctica los problemas siguen sin soluciones y los profesionales como los demás siguen siendo una mercancía humana que a veces se vende y a veces no se vende.

En fin, decía Sartre, los jóvenes franceses se dieron cuenta que su educación no fue lo que pretendía ser, y que la sociedad no practicaba los valores que ostentara. Su rebelión tuvo motivaciones profundas que a veces no eran muy claras ni siquiera para ellos mismos. Sus exigencias específicas demandaron algo concreto al gobierno, pero las exigencias específicas no agotaron su sentido profundo que la estructura básica de su patria les había engañado.

Sabemos ahora que la rebelión de los sesenta de la juventud francesa con el apoyo de algunos sectores del sindicalismo espantó a los poderes establecidos, pero en fin de cuentas no cambió casi nada.

Por eso les sugerí a los alumnos reunidos en la facultad en la Avenida Brasil en Valparaíso que puesto que las victorias de las luchas sociales hasta ahora han sido limitadas e insuficientes, es necesario no solamente luchar sino también pensar, y no solamente pensar sino también repensar los conceptos que han orientado las luchas sociales en el pasado.

No solamente recalqué la necesidad de abrir las mentes a ideas nuevas, sino que presenté un Power Point (en attach) con una serie de ideas que considero nuevas en su conjunto y complejidad complementaria, aunque reconozco que los historiadores nos pueden mostrar que cada idea que parezca nueva fue planteada ya por alguien en el pasado.

Al abogar nuevos rumbos en el pensamiento y en la práctica, no hice más que recalcar lo que los jóvenes ya tienden a hacer. Ya forman grupos de estudio y reflexión para respaldar con datos y razonamientos sus demandas, como es evidente en sus aportes a los diálogos con el gobierno. Es evidente también que sus manifestaciones públicas tienen aspectos novedosos artísticos y humorísticos, aunque la televisión siga destacano lo mismo de siempre, o sea cuántos choques con policía hubo y cuántos detenidos.

Una alumna colorín comentó que los niños chicos cuando piensan en su futura profesión siempre piensan en los servicios que van a prestar. Si una niña quiere ser enfermera o médica es porque quiere colocar inyecciones o recetar remedios. Solamente con el correr de los años llega la ansiedad por el dinero y la conciencia que lo que domina el mundo y condiciona su posibilidad de ganar su pan diario es la lógica de la acumulación monetaria.

Varios comentaron en el mismo sentido. Contaron sus propias experiencias de vivir entre ideales y decepciones.

Algunos criticaron las universidades con fines de lucro. Dijeron que puesto que el lucro es el principio fundador de la institución, y es la motivación de sus dueños y de sus directores, no caben quienes piensen distinto. Ni los profesores ni los alumnos tienen la libertad de pensamiento como para discrepar con la lógica que organiza la escuela.

Lo que más saqué de escuchar a los alumnos en paro fue un sentido que los jóvenes de hoy lo encuentren natural mezclar temas de psicología con temas de economía. Analizan sus sentimientos y motivaciones a la luz de las realidades sociales que les ha tocado vivir.

Aproveché el momento para sugerir que entre las ideas nuevas (o nuevas combinaciones de viejas ideas) que nos conviene elaborar son las aplicaciones de la psicología al cambio social. En las épocas heroicas de las luchas del pasado o no existía la ciencia de la psicología, o no fue tomado mucho en cuenta. Se puede decir que hoy la psicología es un factor nuevo en la historia. La investigación ha descubierto mucho sobre el desarrollo moral y la salud mental de las personas. Este acervo de conocimientos debe tener su importancia para la sociedad en su conjunto. (Lo dije en Valparaíso donde la psicología comunitaria ha experimentado un desarrollo notable.)

Paz y bien,

Howard R.